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Un écrivain, un vrai
Extrait par Pia Petersen
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Couverture du livre Un écrivain, un vrai - Éditions Actes SudUn escritor, uno de verdad.

Extrait en espagnol

Traduction: Amanda Granados Mora

Había llegado mucho antes, como siempre que tenía una cita importante. Sí, importante era la palabra correcta. El calor era agobiante y sin embargo aún no había empezado la canícula. Su camisa ya estaba empapada. Atormentados por el calor, los invitados subían lentamente los escalones y desparecían en el interior del Plaza Hotel. Enfrente, delante de Central Park, los caballos atados a sus carruajes, agotados de la faena, descansaban esperando con paciencia a los turistas que querían visitar Nueva York by night. Algunos nostálgicos de la época en la que Truman Capote había organizado un baile de máscaras en blanco y negro, reuniendo a todas las celebridades del momento. La entrega del prestigioso International Book Prize tenía lugar dentro de una hora y la ceremonia atraía al mundillo de Nueva York, notables, políticos, artistas, escritores, editores, agentes, agregados de prensa, actores, productores, periodistas, fotográfos, cinéastas y mucha más gente aún. En el vestíbulo y la recepción, la gente se empujaban para pasar, se detenían para intercambiar algunas palabras, las informaciones y los rumores iban y venían. ¿ Quién formaba parte del jurado ? ¿Quién ganará?.

Los fotográfos estaban por todos lados y las cadenas de la tele díficilmente lograban abrirse paso con sus cámaras. Nueva York esperaba la canícula prevista desde hace dos semanas y que anunciaban que duraría. Los meteórologos habían recalcado que el clima estaba trastornado, sobretodo desde el último terremoto ocurrido en el Japón, que el calentamiento del planeta era ahora una realidad que debíamos tomar en serio. El fin del mundo se acercaba a pasos agigantados y los profetas de todo tipo pululaban en las calles, provistos de pancartas que daban consejos de cómo sobrevivir y para los que aún dudaban, bastaba con ver el sol, ese disco redondo y rojo que estaba suspendido justo encima de sus cabezas.

Gary atravesó el vestíbulo. A la izquierda de la entrada, el Champagne Bar y enfrente, el Palm Court en donde estaba servido el aperitivo a la espera de que las puertas del Grand Ballroom se abrieran. A la derecha, la recepción del hotel. La luz de los lustros se reflejaba en el mármol del piso. Altas columnas sostenían el plafond y la famosa vidriera, décorado esencial de la película The Great Gabtsby había sido renovada recién. Se espiaba a Jay Gabsty/ Robert Redford, uno se lo imaginaba entrando llevando del brazo a la mujer de sus sueños. Grandes lustros centelleaban con miles de luces, probablemente bombillos de bajo consumo. Las palmeras en las macetas habían sido dispuestas por aquí y por allá. Las paredes de piedra tallada estaban perforadas por puertas-ventanas en forma de arco y las esculturas puestas en los zocálos vigilaban las idas y vueltas de los visitantes y de los clientes. A pesar del aire acondicionado, Gary se asfixiaba. Ethan se propuso para traerle algo de beber, esperame aquí. Ethan era su agente y lo vigilaba de cerca todo el tiempo. Sentada más allá, Ruth, la mujer de Gary, charlaba con Lester, su editor et Kimber, su encargado de prensa. Ruth no apartaba la vista de Gary. El le hizo un gesto. Era uno de los finalistas más populares y no paraban de saludarlo, ya no sabía quién era quién. Se pasó el reverso de la mano por la frente para enjugarse el sudor y luego vió llegar a Miles y a su mujer detrás de él. Miles estaba al frente de una importante sociedad de producción que trabajaba con todas las cadenas de televisión nacionales y éste le había confirmado que todo estaba listo, sólo le faltaba el premio y en cuanto a eso, él estaba confiado. Vió a Ethan detenerse y tambien dar un apretón de manos luego llevarse aparte a un tipo, probablemente un periodista o un cronista literario. Seguro debió olvidarse del trago prometido. Ethan trabajaba sin descanso para hacer que sus obras fueran conocidas y Gary se preguntaba a menudo que haría sin él. Ruth no pensaba igual al respecto, últimamente ella había sugerido que tal vez sería mejor cambiar de agente, y elegir a uno más acostumbrado a manejar la carrera de personalidades. Ethan era muy amable pero Gary era la única persona de valía de la que él disponía en su lista de autores fuera de los que Gary le llevaba y eso no bastaba. A fin de cuentas Ethan vivía de lo que Gary le hacía ganar. Gary se resistía pero Ruth insitía en que había que tomar una decisión cuando se conociese el resultado del premio.

Ruth tenía sentido común para los negocios.

Una mujer joven cerca del mostrador de la recepción le hizo una guiñada. El se le acercó. ¿Qué calor, verdad ? Dijo mirándola de hito en hito. Ella alzó las cejas levemente y sonrió. El agregó. ¿ qué tal vez si pudíeramos vernos en otro lugar, más tarde ? ¿Usted y yo ? Ella asintió. Pronto...Ella asintió nuevamente. No vivo muy lejos. Sacó una tarjeta de visita de su bolsillo y escribió su número de teléfono personal y le dió la tarjeta a la mujer. Hasta mas tarde, le dijo en voz baja al oido, podría haberla besado. Los invitados se dirijieron al Grand Ballroom, the most beautiful room in New York, decía Truman Capote. Entraron en la gran sala y comenzaron a sentarse alrededor de las numerosas mesas redondas instaladas para la cena. Gary le hizo un gesto a su mujer quien se le acercó y se dirijieron hacia su mesa. Ethan vino a alcanzarlos.

Miles le dijo que todo estaba listo. Es formidable. Podremos comenzar a estudiar los detalles.

Su mesa estaba situada situada al pie de la estrada en donde se entregarían los premios. La sala se llenaba rápidamente y las sillas rechinaban sobre el entramado, las copas entrechocaban y había un constante murmullo de voces. En los bordes, en todo alrededor, los periodistas y cámarografos y fotografos se empujaban.
Gary y Ruth estaban en la mesa con el Senador Jones y su esposa, el alcalde acompañado de su mujer, Lester, Kimber, Ethan y Forrest, un periodista especializado en análisis político y Miles con su esposa. Ruth se inclinó sobre Gary y lo besó en la mejilla sonriéndole a los otros comensales. Llevaba un traje color azul rey y Gary la encontró guapa. Bebió un poco de vino tinto y examinó la sala, suntuosa con sus frescos, sus tonos color crema y sus dorados. Truman Capote tenía razón, era la sala más bella de Nueva York. Había allí una fiesta grande, hasta el punto de hacer de ella un evento histórico. Gary estaba eufórico, se sentía liviano, embriagado. Si recibiera el premio... No, eso traía mala suerte pero si por si acaso... Si ganara el premio, podría hacer de todo, por fin sería libre de escribir todos los libros que quisiera...Tení a tantos proyectos en mente, poderosas y devastadoras novelas como huracanes... Si ganara ese premio... Un ejército de camareros, con bandejas repletas, se encargó de servir a cada mesa, hacía calor y las risas resonaban en su cráneo. La canícula sería implacable. Los medias habían avisado que el calor de esos días no era nada comparado al que haría después. Ruth hablaba con el senador Jones, estudíaban la posibilidad de una comisión que sería presidida por Gary. Jones vaticinaba una gran futuro para Gary y el alcalde intervino y agregó que incluso podría aspirar a un puesto de embajador en el extranjero y porque no en Francia. Ruth se sentía por las nubes. Siempre había pensado que él llegaría lejos. Ethan escuchaba a Miles moviendo la cabeza con nerviosismo. La esposa de Miles bebía una copa tras otra.

El presidente del jurado tomó lugar en la tribuna e hizo un gesto dirigiéndose a la sala, chitón, silencio, y progresivamente se callaron. Acompañado de los padrinos de la ceremonia, un escritor y un actor, presentó al jurado y comenzó la entrega de los galardones resumiendo por qué tal libro había obtenido tal premio y bajo los aplausos el laureado subía hasta la tribuna, balbucíaba algunas palabras de agradecimiento y volvía a bajar con su recompensa, una medalla y un cheque exhibiendo una gran sonrisa. Gary sentía un nudo en el estomágo, seguro era un calambre y tenía la garganta reseca, se lo había ganado, no se lo había ganado... !caramba ! qué calor que hace . Deshizo su corbata y se abrió el cuello de la camisa. El premio por la novela . Su corazón se detuvo y luego no, no del todo, continuaba latiendo, incluso latía muy fuerte luego un nombre fue mencionado, no había entendido muy bien, no, no era seguramente eso, Dios mío era exactamente eso, había escuchado bien, su apellido había sido mencionado y su mujer lo tomó por el brazo y lo abrazó. No, no había entendido bien. No podía tratarse de él. Toda la sala lo miraba de hito en hito y todas las cámaras y también los fotográfos apuntaron en su dirección. Sí se trataba de él. Se había ganado el premio. El mundo se desplomaba lentamente para dejarlo envuelto en una bruma ópaca. Su mujer lo cogió por el brazo y lo sacudió, ve. Levántate. Ve a buscar tu premio. El senador Jones sonrió y le mostró los dos pulgares hacia arriba. Sí, era él, habían dicho su nombre, había ganado el premio. Indeciso, Gary se levantó, las piernas le flaqueaban, respiró hondo, se repuso y subió las escalinatas y se encontró frente a un actor famoso, hubiese querido saludarlo, decirle algo apropiado pero no recordaba su nombre, quién era ese actor con la nariz respingada y un aspecto de peleón luego el presidente del jurado habló y el actor le sonrió y le entregó una estatua en bronce y toda la sala aplaudió. El actor parecía sincero, le dijo que había leido todas sus novelas y Gary le agradeció insulsamente, el presidente del jurado se apartó y Gary se encontró delante del micrófono, tosió y se enjugó la frente luego balbuceó que se sentía honrado, muy honrado y muy feliz de recibir este premio, que nunca antes había esperado tal honor y sentía su voz temblorosa de emoción, dijo algún despropósito pero la sala aplaudió y las caras sonreían. Bajó, empuñando el trofeo contra su cuerpo. Al pie de la estrada rodeado por micrófonos, manos y preguntas, intentó contestar, le preguntaban cómo se sentía y él contestaba que sí, que estaba muy contento, no, no se lo esperaba, sí, era estimulante, que había ganado el premio, no lo podía creer pero se lo habían dado y se sentía raro, emocionado, lejano. Volvió a su mesa y se volvió a sentar al lado de su mujer, lo has logrado, mi amor, le susurró ella al oido y lo besó con insistencia manteniéndolo agarrado con fuerza por el brazo. El senador Jones y el alcalde lo felicitaron y Forrest le hizo un gesto de victoria. Ethan le hecho una mirada a Miles y le dió un codazo a Gary. Ya te lo había dicho. Las cámaras filmaban y Ruth se apretaba contra él sonriéndole a los fotógrafos. Por fin obtuviste tu premio, murmuró ella. Cada vez que la miraba se decía que era guapa y que tenía prestancia. El calor era insoportable, las aclamaciones y bravos no cesaban, era un desorden increible. Su teléfono no dejaba de vibrar en el bosillo.

Los camareros trajeron los quesos y los postres y los ruidos giraban dentro de su cabeza, las risas, los chistes, la gente se increpaban gritándose y se sirvieron el café así como el coñac.
No lograba pensar con claridad. Qué locura. El premio, el reconocimiento, el éxito. Podría hacer hacer de todo. Escribir todo lo que siempre había deseado, dejarse llevar. Atolondrado, embriagado por la dicha, no dejaba de mirar su trofeo. El international Book Prize. Se lo había ganado, él y nadie más que él. Bebió agua nuevamente luego una copa de vino luego un coñac enseguida un poco más de agua. Tenía tanta sed. Besó a Ruth en la mejilla, al lado de la boca.

Voy a fumar. Vuelvo enseguida.

Necesitaba respirar. En el camino, los periodistas lo detuvieron y él los mandó a que vieran con Kimber, es ella quién se ocupa de mis citas, ella o mi mujer. Enhorabuena, le dijeron. Mirando fijamente la puerta de la entrada, atravesó el vestíbulo. Unos turistas que vigilaban sus equipajes lo siguieron con la mirada y una mujer que había visto en la sala le dirigió una sonrisa cómplice pero no recordaba su nombre, sólo que se habían acostado. Hacía mucho tiempo atrás. Ella esperaba algún gesto de reconocimiento de su parte y él movió ligeramente la cabeza cuando pasó a su lado. Jackson, un escritor y guionista, que también figuraba entre los finalistas, lo detuvo y le dijo lo contento que estaba de que hubiera ganado el premio, y con una sonrisa forzada le apretó la mano y le dió una palmada en el hombro a Gary pero poco convencido. Gary se contentó con sonreirle, con una sonrisa radiosa, gracias amigo y prosiguió hasta la salida.

Jackson se consolaba como podía y le explicaba a menudo a sus seguidores que a los lectores no les gustaban los libros subersivos como los suyos pero que el tiempo lo diría. Insistía siempre que Gary escribía sobre la redención, el milagro del final feliz y que por eso sus novelas funcionaban bien, porque todo el mundo buscaban el final feliz. Jackson tenía la espalda jorobada de tanto doblarse para escribir. Los médicos le habían advertido que terminaría con problemas de espalda y hoy ya no lograba enderesarse por completo. Vivía en Brooklyn porque no tenía los medios par vivir en Manhattan y todos los días atravesaba Est River para ir a Chelsea, se sentaba a escribir en un bar y allí se pasaba el día soñando con una vida diferente a la suya, bebiendo bastante. Creía que el alcohol daría rienda sueltas a sus ideas y cuando estaba bien bebido, explicaba que un escritor dedica principalmente su tiempo a soñar despierto y a escribir sobre cualquier cosa y era así como el procedía para sobrevivir a su propia existencia, él definía la literatura según sus propios principios.

A veces bebía una copa en companía de Gary y hablaban de su oficio. Gary le decía que su escritura debía ser más acequible y Jackson le decía a Gary que fuese mas riguroso.
Intercambiaban informaciones y se vigilaban mutuamente. Entre escritores, las ideas no pertenecen obligatoriamente a todo el mundo, a menudo cada cual va a lo suyo.
Gary salió del hotel. Delante de él, Grand Army Plaza con Central Park a la izquierda y enfrente, la Pulitzer Fountain. Una mujer que llevaba a un bebe en el cochecito iba apresurada, un minibus grafiteado de azul se aparcaba detrás de los ciclo-taxis, gente paseando su perro y habían corredores y ciclistas. Varios fumadores arremolinados sobre las escalinatas del hotel lo felicitaron, le dijeron que se lo merecía y él les contestó que estaba dichoso. Thanks you, guys. Habían dos ceniceros en las afueras, uno de cada lado de la entrada. El aire estaba cargado, compacto, ardiente. Bajo las escalinatas, se alejó del hotel y se pellizcó la mano para confirmar que no estaba soñando. Qué magnífica sorpresa. Había ganado el International Book Prize. ¿Y ahora qué ? Una limusina blanca se detuvo delante del hotel y los cazadores se precipitaron. Encendió un cigarillo y aspiró profundamente luego dió unos pasos hacia la acera. Era una velada novelesca con una puesta en escena perfecta, incluso la luna le sonreía. Buscó su teléfono en el bolsillo luego escuchó su contestador, borrando los mensajes de enhorabuena uno tras otro pero conservó el de la mujer del vestibulo que le había dejado su número de teléfono. Su móvil timbró nuevamente. Su mujer. No contestó, lo dejó timbrar y volvió a poner el móvil en su bolsillo.
Ruth puso el móvil sobre la mesa. No debió escuchar el timbre del teléfono, fue lo que se dijo, que seguramente estaría fumando con otras personas mientras hablaba, él no podía haberse percatado, eso era, sí, seguro era eso. El no debía estar muy lejos. La noche le pertenecía, se quedaría muy cerca de allí. Frunció el ceño recorriendo con la mirada todos los rincones de la sala. A veces, mientras ella le daba la espalda por algunos instantes, desaparecía de una velada o de un cocktel, raras veces menos de una hora sin explicar nunca porqué. De todas formas, ella no quería saberlo. Cada vez se decía que no era nada grave, que ella no necesitaba saberlo pero las sospechas la carcomían en sus adentros y la minaban entonces ella se consolaba pensando que era indispensable y todo el mundo estaba de acuerdo en que ella había trabajado mucho por su carrera, que ella no había vivido mas que para eso. Ellos lo habían logrado. Desde hacía varios años, él estaba en la cuspide de las ventas y hoy lograba un gran premio. Por fin tenía el reconocimiento y era gracias al trabajo de ambos.

 



 
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